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Como desde el primer día‏


Sentada en el césped, me concentro en un fantástico libro de aventuras tan emocionantes que hacen que me olvide completamente de la realidad que me rodea, no creo que nadie pueda sacarme de mi ensoñación, pero entonces aparece un olor familiar a pino, madera y hojas de té que me obliga a levantar la vista y ahí está él a pocos metros de mi lugar en el césped, vestido con un pantalón de ejercicios y una sudadera color blanco. Sus ojos azules como el cielo y el mar se encuentran con los míos del color de la tierra y me regala una pícara sonrisa, hago ademán de levantarme, pero el me indica con una mano que no lo haga,entonces se acerca a mi y se sienta a mi lado; yo coloco mi libro a un lado y entrelazamos nuestras manos.

Nos ponemos uno al frente del otro y nos observamos por un largo rato; siento un impulso que me hace querer besarlo, perderme en sus labios y en sus brazos de tal manera que se me olvide hasta mi nombre, pero lo controlo.

El se acerca un poco mas a mi, hasta que nuestras frentes quedan unidas y luego ya no puedo controlar mas el impulso y lo beso, sus labios son cálidos y se amoldan con ternura a los míos; nos soltamos de las manos, pero solo para abrazarnos, el acomoda sus manos alrededor de mi cintura y yo coloco las mías en su cuello, le acarició su dorado y despeinado cabello mientras nuestro beso se va tornando intenso y profundo tanto así que cuando nos falta el aire para respirar, nos damos cuenta de que terminamos totalmente tumbados en el césped, nos vemos y nos sonreimos, sus labios están rojos e hinchados y supongo que los míos también, pero no me importa volvería a besarlo así hasta que los labios me sangren.

Nos quedamos ahí, observando las nubes de color blanco que de un momento a otro pasan a color gris, indicandonos que si no entramos pronto a la casa terminaremos empapados. Nos levantamos del suelo, el recoge mi libro, volvemos a besarnos, esta vez suave y dulcemente, terminamos perdidos en nuestras sensaciones y no nos damos cuenta de que llueve hasta que las gotas comienzan a caer sobre nuestros rostros.

Lanzamos el libro dentro de la casa y nos quedamos bajo la lluvia jugando y haciendo travesuras como dos niños pequeños... Cuando estamos totalmente empapados, entramos a la casa; me ordena tomar una ducha porque no quiere que me resfrie, le hago caso y en menos de diez minutos estoy lista y le pido que por favor el también se duche; mientras lo hace, me encargo de preparar un té y algunos sandwichs para comer.

Tarareo una canción y lo siento acercarse por mi espalda, deposita un beso en mi cuello y se me eriza la piel, volteo y coloco mis manos sobre su pecho descubierto, esta vestido solo con un mono, beso la comisura de sus labios y luego me alejo, el hace un puchero y acto seguido me sigue, le digo que comamos, asi que eso hacemos intercambiando miradas y sonrisas pícaras; terminamos, lavamos los platos y nos acostamos sobre el mueble.

Ahora es el, quien comienza a besarme, yo le devuelvo el beso volviéndolo profundo, acarició su cabello, su pecho y todo su cuerpo con mis manos y las de el hacen lo mismo conmigo; nos perdemos en nuestros labios, en nuestra piel, en nuestros sentidos y terminamos haciendo el amor muchas veces hasta quedarnos dormidos.

La luz del sol nos despierta, compartimos una sonrisa, un beso y luego nos abrazamos, nos quedamos así por largo rato; pero finalmente el deber llama y el se levanta para ir al trabajo, se ducha, se viste y se despide con un beso casto y yo me quedo en casa esperándolo leyendo como el primer día desde que nos casamos. 


Andre

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