martes, 30 de diciembre de 2014

En el frío de mí cuarto, observo el techo blanco sin formas abstractas que me distraigan, aún así siempre me quedo absorta viéndolo, bajo la mirada hacia las paredes, me encuentro con nuestra foto, aquella que nos tomamos hace ya bastante tiempo, cuándo no podiamos vivir el uno sin el otro, ese tiempo dónde sí no sabía nada de ti, sentía que me moría, que me faltaba algo, no sé si tú eras igual conmigo. Me percato de que no me había dado cuenta del momento en que las cosas cambiaron, de que ya no te necesito como solía hacerlo, aprendí a vivir sin ti. Y sí no te he olvidado, por algo aún conservo nuestra foto, tus cartas, tus regalos... No niego que te extraño, porque realmente lo hago, te extraño más de lo que me gustaría, pero no me atrevo a reintentar que todo vuelva a ser como antes; me gusta lo fuerte e independiente que soy, es genial cuándo uno aprende a ser autosuficiente en muchos aspectos de la vida. Me quedo con nuestros buenos recuerdos y con los que quizás o no tendremos...

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